A medida que vamos creciendo vemos la vida de otro modo, de otro color, cambiamos nuestra forma de ser y amar, e incluso no nos damos cuenta de pequeños detalles que son más que importantes para nuestra vida, detalles de los cuales en un futuro nos podemos arrepentir.

Tengo unas preguntas que llevo mucho tiempo formulándome: ¿demostramos nuestro amor lo suficiente a nuestros abuelos?, ¿los valoramos como se merecen?, ¿les mostramos acaso respeto? Seguramente muchos ni siquiera se han dado cuenta de que esas personas con corazón de oro y cabello de plata son capaces de dar la vida por nosotros, sólo por vernos sonreír.

Y cuando ya no estén entre nosotros, ¿los echaremos de menos? Pues la respuesta es tan simple como: sí, claro que sí.

Recuerda, pues, alguno de esos detalles vitales a partir de estas líneas: Cuando ya no los veas, por las razones que sea, echarás de menos esos ojos en los cuales te perdías cada día con historias que sólo ellos sabían contar; echarás de menos aquella sonrisa que mostraban cada vez que estaban felices pero sobre todo echarás de menos esos besos de buenas noches y el poder darles la mano como cuando íbas por la calle con ellos, presumiendo de tener unos abuelos que moverían cielo y tierra por sus nietos. Recuérdalo ahora, cuando los tienes cerca, porque nunca se es demasiado mayor para que los abuelos te mimen.

Abuela y ni_a

Una amiga emigrante no valoraba lo suficiente a los protagonistas de esta historia. Tiempo después fue consciente de que los había perdido y que aquel momento pasado de la despedida fue la última vez que los vio. Se sentía culpable por no haberlos valorado cuando los tenía a su lado. Cada vez que en la distancia hablaban por teléfono, se le saltaban las lágrimas y día tras día se daba cuenta de que eran las personas que más quería.

Pasaron tres años alejados y justo en el momento en el que sus segundos padres iban a poder abrazarla, ya que se disponían a salir del país por verla feliz, su abuelo enfermó y estuvo ingresado de gravedad en un hospital. Al cabo de unos días falleció. Sus padres la despertaron el 16 de septiembre de 2015 a la 1:16 a.m para darle la triste noticia.

Ha pasado tiempo y no hay día que no los recuerde. Sabe que su esperanza de reencontrarse con su abuela en su actual país se acabó ya que ella no quiere abandonar su tierra, ni siquiera de visita. Pero esto no es todo, esa mujer perfecta tiene hoy alzhéimer y nunca volverá a ser la de antes. Su nieta no volverá a correr por esa casa de La Habana, gritando alegre ¡ABU, ABU! y su abuelita ya no la despertará por la mañana para llevarla a la escuela. Los perdió de algún modo a los dos, para siempre.

Y ahora piensa conmigo, ¿te gustaría vivir una historia así o similar? ¿Te gustaría despedirte así de tus abuelos? Hazme caso, cuando acabes de leer este escrito corre donde estén tus abuelos y abrázalos fuerte, muy fuerte. Todos os sentiréis dichosos.

Beatriz Silva. 2n de ESO

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