Comentario de “La rebelión de las redes”, de José Antonio Marina

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2016-12-06/rebelion-redes_1299972/

 

José A. Marina es un filósofo, escritor y divulgador prolífico, especialmente en temas de psicología y educación. De la lectura de su artículo en la asignatura de Historia de la Filosofía extrajimos algunas ideas que os pasamos a presentar. El tema de las redes sociales merece sin duda reflexión y mirada crítica. Esperamos que os interese tanto como a nosotros.

El artículo empieza explicando la tesis de Ortega y Gasset en La rebelión de las masas, que advierte que éstas están tomando el poder, sin preocuparse de mejorar y perfeccionarse, y aun recreándose en su propia vulgaridad. A partir de ahí crea un paralelismo con la tesis de Marina: ahora las masas han tomado Internet, propagando la idea de que crea conocimiento y volviéndose cada vez más influyentes, sin renunciar a su vulgaridad.

Marina sostiene que esta nueva tiranía de las mayorías imperante en la red es peligrosa, y aboga por el espíritu crítico y la individualidad para contrarrestarla. Llega a hacer uso del símbolo de la lechuza solitaria y filósofa frente a la bandada de Larries (pajaritos azules de Twitter) borregos. De no hacerse nada por impedir su reinado, advierte, ya hay una industria puesta en marcha para manipular la información e influenciar a la población (según los intereses de un puñado de mandamases, como queda implícito).

Personalmente, estoy de acuerdo con el autor en que Internet no ha supuesto un incremento notable de la calidad de la información producida. Quizá su efecto haya sido justo el contrario, viendo la popularidad que alcanzan banalidades como los “memes” o los vídeos de gatos cayéndose. Su incremento de la eficiencia en la transmisión de información sí que es una proeza de la que hoy en día se beneficia toda nuestra sociedad en mayor o menor grado, y que no debería ser desdeñada, pero considero que a esta autopista le faltan controles. Como en el resto de ámbitos de la sociedad, hace falta que se marquen los límites y se distinga aquello moral de lo que no lo es, con penas y garantes para la seguridad y la preservación de los propios derechos, y las líneas en este aspecto son demasiado difusas.

Laia Fernández Villanueva

 

Cuando iba a casa de mi abuela, recuerdo siempre verla leyendo dos o tres periódicos Cuando yo la veía y pensaba que con uno era suficiente, ¿para qué tres? , pero a ella le era indispensable sentirse totalmente informada, y para ello debía de empaparse de la mayor cantidad de periódicos posibles… No solo ella recurría a diferentes versiones de un mismo suceso, mi padre me repite las mismas palabras desde los trece: <<No quieras ser un borrego, no creas lo primero que te dicen,   has de informarte, nunca te quedes con lo primero que leas, ve más allá…>> ¡Y cuánta razón tiene!

En este artículo, José Antonio Marina expone que ha estado presente en mi entorno la masa, y no me refiero ni a magnitudes ni a pasteles sino al conjunto de aquellos que aceptan de forma acrítica lo que la red les ofrece y aceptando lo que favorece a sus opiniones. No solo expone su punto de vista sino también la tesis del célebre filósofo español Ortega y Gasset, el cual distinguía dos tipos de masas, aquellas que exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y derechos y aquellas que no exigen nada y viven cada instante sin esfuerzo.

Si analizamos ambos hacen referencia al mismo concepto y es que el hombre masa es aquel que no está al mismo nivel de sí mismo, que se encuentra a mitad de camino entre el ignorante y el sabio, aquella oveja que se encuentra a la espera de un falso pastor que la guíe. Para esta clase de gente, la sociedad actual es el enemigo más grande porque son tiempos de retórica y mucha confusión, hemos llegado al punto de no saber distinguir una información fiable de una que nos está estafando.

Desde la creación de internet esta confusión se está haciendo cada vez más presente entre los seres humanos, fomentando de alguna manera prejuicios y alimentando fanatismos, como por ejemplo el “efecto cámara de eco”, un espacio en el cual la gente podrá decidir las noticias que quiere recibir.

Marina expone en su tesis que estamos creando asociación de seres con una ausencia de un pensamiento crítico. Además advierte que es un estado en que podemos caer todos cuando nos dejamos llevar por el contagio emocional por disolución de la individualidad, por la equiparación de cualquier opinión.

Personalmente creo que la ausencia de un pensamiento crítico hace cada vez más fácil dar importancia a aquellos que se creen en la capacidad de juzgar y exponer absolutamente todo lo que se les pasa por la cabeza, sin filtros y sin remordimientos. Los famosos “haters” son un ejemplo de esto, personas sin oficio ni beneficio que utilizando vocabulario nada apropiado, busca la risa fácil y el ataque gratuito hacia otro semejante.

En vez de avanzar, nos encontramos en pleno retroceso. No somos capaces de utilizar ni nuestro raciocinio ni las capacidades que la naturaleza nos ha querido otorgar. Poco a poco nos están influenciando, estudian la manera de cambiar nuestra opinión, para que los que tienen poder puedan dirigirnos hacia que lado hemos de ir. Hemos de ser nosotros quienes decidamos por donde realmente nos conviene ir, tener los ojos siempre abiertos, así como la lechuza del artículo, siempre alerta.

Andrea Córdova

 

El artículo periodístico empieza exponiéndonos una tesis de Ortega y Gasset, que dice que estamos en una situación de hiperdemocracia. Según Marina, la opinión personal se transmite a través de la red, lo que produce una falsa democracia. Marina relaciona esto con el “trending topic”, que para él, es el colmo de la democracia directa y espontánea. Ortega entiende por “masa” un conjunto de personas y no una clase social o económica. El autor también cree que esta es un conjunto de personas, una bandada, que tiene ausencia de pensamiento crítico, pero nunca habla de que estén dentro de una clase social. Marina también nos habla del efecto cámara de eco, que es un espacio donde la gente solo escucharía y aceptaría de forma acrítica aquellas cosas con las que está de acuerdo, lo que la red les ofrece o solo lo que favorece sus opiniones, por lo tanto, este efecto “cámara de eco” favorecería los prejuicios i alimentaría el fanatismo. Este efecto muestra las noticias que cada uno quiere recibir.

Gracias a la utilización de las nuevas redes se están extendiendo creencias erróneas como que la red produce conocimiento, que las multitudes son inteligentes, que la red ha democratizado la opinión y la ha hecho más fiable o que todos consumimos información y la producimos. Cada vez más se está perdiendo el espíritu crítico, ya que podemos caer en el populismo, el contagio emocional, la aceptación de la opinión de las masas… Marina también nos dice que receptor es quien ha de aceptar o no el contenido de la red y establecer un control de entrada Según el autor el problema más grande es que la red se está convirtiendo en la mayor fuente de información del mundo y a al mismo tiempo, está adquiriendo legitimidad política. Otro de los grandes problemas de las redes es que son muy fáciles de manipular y ya existen industrias y empresas que se encargan de esa tarea.

Para mí, las redes sociales tienen sus ventajas y sus desventajas. Las redes tienen cosas muy buenas como la facilidad para acceder a la información y a las noticias, el fácil el contacto con amigos, familiares y gente de otros países. También pueden servir para encontrar trabajo, ya que los procesos de selección de personal también han notado la influencia de las redes sociales. Pero, no todo es bueno en las redes. Se ha creado un nuevo tipo de bullying, conocido como ciberbullying o ciberacoso, el cual usa la información electrónica y medios de comunicación tales como correo electrónico, redes sociales, blogs, mensajería instantánea, mensajes de texto, teléfonos móviles, y websites difamatorios para acosar a un individuo o grupo, mediante ataques personales u otros medios. Las redes también han provocado un aislamiento para con las personas de alrededor. No hay más que ir a un restaurante u otro emplazamiento y ver como en las mesas la gente, a menudo, está más pendiente del móvil que de sus propios compañeros de mesa. También motivan la falta de concentración y de productividad, ya que la gente se concentra más en las redes sociales que en los estudios o en el trabajo que hay que hacer. Hay otras cosas perjudiciales de la red, como la “deep web” o web profunda, el pirateo, el malware y los virus… Y son cosas como estas las que hacen insegura internet.

Álex Martínez

Tanto Ortega y Gasset como José Antonio Marina exponen claramente el problema de nuestra sociedad actual, la rebelión de las masas, y en este caso en concreto la masa absorbida por la red. A lo que Ortega y Gasset dio un aire generalizado y característico de los seres humanos que no se exigen nada y tienen como único objetivo seguir a la masa, Marina lo concreta con el término “efecto cámara de eco”. Este problema se basa en que la gente acabe solo viendo y escuchando lo que es de su agrado, creando así, según Marina, una máquina de favorecer prejuicios y de alimentar el fanatismo humano. Marina opina que las redes han absorbido de una manera exagerada a nuestra sociedad actual, dando pie a una opinión democratizada, y que se han convertido en la mayor fuente de información del planeta. Este hecho ha crecido tantísimo durante los últimos años que se ha transformado en un grave problema común, el cual es relevante para una parte muy pequeña de la sociedad. El gran problema es que hoy en día todo lo que se muestra en las redes es legítimo y aceptado por todo el mundo y eso ha traído la consecuencia de que nos estamos convirtiendo en seres humanos sin pensamiento crítico, perdiendo así nuestra individualidad y convirtiéndonos en una gran masa que anda a ciegas imposible de disolver.

Maria Lavignole

 

Ortega  describió en La rebelión de las masas cómo las sociedades, cada vez más grandes, irían reduciendo al individuo y terminarían por fundirlo en una gran masa homogénea que, independientemente de asuntos políticos y económicos, terminaría por ostentar el poder.

Antonio Marina nos habla del efecto cámara de eco, el cual se produce cuando alguien dispone su medio de manera que solo pueda recibir únicamente aquella información que comparte o le interesa, censurando otras opiniones distintas. Que se produzca este efecto es una señal de uniformidad del pensamiento, lo que suele derivar en fanatismos y en el pensamiento más unidireccional.

El autor teme la deshumanización que supone la masificación de las sociedades. La pérdida de la identidad individual sumida en una gran masa necia que ha perdido toda noción de opinión crítica.

Opino que la unificación de la opinión a través de los medios movidos como marionetas por los políticos, la banalidad de los intereses, sobre todo de las nuevas generaciones, conlleva lo que autores como Ortega y Mill habían previsto desde tiempo atrás: el individuo crítico, ilustrado y formado ahogado por una gran masa de borregos demasiado grande como para pararla. Y no tan solo aquel sujeto con las cualidades más nobles, sino hasta el individuo más vulgar, que dejará de ser una oveja descarriada para unirse al tren de la uniformidad con tal de no forzar demasiado la mente. Me parece que el egocentrismo que rodea todas las redes sociales, aparte de la uniformidad que poco a poco van marcando, es una señal prácticamente subconsciente del individuo para demostrar que “sigue existiendo”, al verse amenazado por la gran ola de la masa. La masificación de la comunicación del siglo XXI con la llegada de internet ha comportado que, a diferencia de tiempos anteriores en los que solo unos pocos estaban bien informados porque se preocupaban de estarlo, se quiera ahora simplemente estar informado para no quedar fuera del debate actual de la opinión pública, ignorando si dicha información corresponde realmente a la realidad y omitiendo el pensamiento propio por adaptar el de otro. La facilidad de opinión gracias a las redes genera cierta dificultad de establecer aquello que es verdad, lo que puede hacer que una falsa información acabe derivando en lo que se acepta generalmente por verdadero, llamado actualmente “posverdad”. Este fenómeno ya era aprovechado por los nazis, lo cual me hace recordar las palabras de Joseph Goebbels, ministro de propaganda del Tercer Reich: “Una gran mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad” o “Más vale una mentira que no pueda ser desmentida que una verdad inverosímil”.

David Ortiz

 

 

 

 

 

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